¡Es ella!

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“¡Es ella!”

Gritarán sus voces,

-inundadas por la ira

y distorsionadas por el odio-

al verla en una esquina cualquiera,

Fumando un cigarrillo de olvido.

 

“¡Es ella!”

Gritarán sus mentes,

-desorientadas por la ilusión de, al fin, encontrarla-

Al percibirla entre la gente

Pero no distinguir su alma en pena.

 

“¡Es ella!”

Gritarán sus corazones,

-desesperados por la locura

de no poder verla

ni poder abrazarla-

Al creer que ese fuego

Que ha quemado sus recuerdos

Fue causado por ella

Y su pelo negro.

 

“¡Es ella!”

Gritarán al verla

-arrastrando mil promesas

Y varios discursos que no recuerda-

Al fin de vuelta.

 

Será cuando se siente frente a ellos

Y sostenga al frente la culpa

Que la mirarán de nuevo

-esta vez desde muy lejos-

Y murmurarán en el viento:

“No, no es ella.”

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Día de las Escritoras

Hoy es el primer día de las escritoras.
Y quizá no os lo parezca, pero es un gran triunfo.

 

¿Por qué?

 

Porque a lo largo de la historia se nos ha menospreciado y ninguneado.
Se nos ha pisoteado, se nos ha intentado esconder.
Se han tapado nuestros nombres
(O se ha elogiado a los hombres que nos acompañaban.)
Se han reído de nuestra pluma, se han roto nuestras páginas.
Nos quitaron las máquinas, las plumas, el papel.
Nos quitaron la educación.
Pero nunca nos apagaron del todo.
Y hoy, es el día de las escritoras.

 

Porque a lo largo de la historia, las obras de escritores se han convertido en clásicos;
mientras las obras de escritoras han quedado clasificadas como literatura pueril destinada al público adolescente.
Quizá sea una nimiedad o quizá no.
Te animo, pues, a mirar tu estantería.
Te animo a contar cuántos autores encuentras en ella.
Te animo a encontrar varias autoras.
Quiero que observes los títulos y recuerdes las críticas que recibieron.
Hazlo para ti mismo. Simplemente reflexiona.
No necesito una respuesta.


Hoy es el día de las escritoras que tuvieron que publicar bajo pseudónimo masculino.


Hoy es el día de Catarina Albert, escritora de mi tierra, Cataluña, que se vio relegada al nombre de Víctor Català.
Hoy es el día de Cecilia Böhl de Faber y Larrea, que viajó mucho, escribió mucho y vio mucho. Que firmó sus obras como Fernán Caballero y, aún hoy en día, hay gente que olvida que fue una mujer.
Hoy es el día de Olive Schreiner, sudafricana, intelectual y activista contra la guerra. Que tuvo que firmar “La Historia de una Granja Africana” bajo el nombre de Ralph Iron en la no lejana época victoriana.


Hoy es el día de las escritoras revolucionarias, de las que gritaron a los cuatro vientos.


Hoy es el día de Clara Campoamor, que nunca dejó que nadie le dijera cómo debía luchar o qué debía escribir. Fue libre y capaz, y hoy en día su grito aún resuena en nuestra lucha.
Hoy es el día de Magda Donato, pionera del periodismo y aventurera que se hizo pasar por loca para entrar en una isla manicomio de NY.


Pero también es el día de las escritoras solitarias con neurodivergencias.


Hoy es el día de Virginia Woolf, mujer bisexual y bipolar, que escribió la que han categorizado como la carta de amor más larga en la historia de la literatura y relató su mundo interior sin descanso hasta el día de su suicidio.
Hoy es el día de Sylvia Plath, poetisa con depresión, novelista y escritora de relatos cortos, una vida angustiosa pero llena de belleza, hasta el día de su suicidio.


Hoy es el día de las mujeres que cambiaron la literatura.


Hoy es el día de Mary Shelley, que no se amedrantó nunca frente a un hombre y creó un monstruo eterno que, irónicamente, aún vive hoy en día dentro de nuestra ficción.
Hoy es el día de Jane Austen, casi aislada de la sociedad, que diseñó a mujeres fuertes, separadas de la sumisión de la época, mujeres que se cuestionaban los motivos.


Hoy es el día de aquellas mujeres que alzaron su pluma junto a su voz y se atrevieron a cuestionar el sistema.


Hoy es el día de Toni Morrisson, la primera mujer negra ganadora de un premio Nobel (Nobel Literatura ’93). Rebelde, firme, capaz que aún a día de hoy habla libremente de aquello que considera necesario. (Documental de la BBC).


Hoy es el día de las escritoras.
Y es importante porque es nuestro día, el de todas nosotras.
El de las mujeres que han muerto y el de las que aún no han nacido.
Es el día de esa niña de 8 años que escribe una historia de dragones.
Es el día de una adolescente solitaria que no quiere enseñar su obra a nadie.
Y es el día de la otra adolescente que publica su trabajo en línea.
Y el día de una mujer que ha perdido el sentido de su vida.
Y el de una anciana que al fin ha comprendido el sentido de la existencia.
El de cualquier mujer que quiera soñar.


Hoy es el día de las escritoras.
Es para todas nosotras, escritoras del siglo XXI.
Es un día que empieza en la era de la comunicación para que clamemos victoria.
Es un día que viene disfrazado como meta.
(Pero no lo es: Es la línea de salida.)


Irónicamente es ahora cuando más difícil vamos a tenerlo.
Porque quieren perpetuar la idea de que escribimos “cosas de chicas” que ellos consideran absurdas..
Porque nos quieren calladas, nos quieren silenciosas y discretas.
Porque van a intentar que discutamos, que nos enfrentemos, que nos ninguneemos.
Porque somos muchas.
Porque somos mujeres, somos fuertes, somos valientes, somos capaces.
Porque sabemos escribir y, además, podemos hacerlo público.


Es ahora cuando van a demostrar el miedo que nos tienen.


Seguid adelante, libres, con vuestras (nuestras) obras.
Asustadlos, asustadlos y que se enteren de que no pueden callarnos.
Que tiemblen.
Que tiemblen ante la perspectiva de ver conectadas a más mujeres de las que puedan imaginar.


Y no os rindáis.
Sois válidas e importantes.
Sois Catarina, Sofía, Mary, Jane, Toni, Sylvia.
Sois muchas más que han quedado por el camino.
Sois todas las escritoras que han existido.
Pero lo más importante: Sois las escritoras de esta era.
El presente es vuestro.
Cogedlo y moldeadlo a vuestro antojo.

Un grito

Un grito.
Un grito es todo lo que hace falta para marcar la diferencia.
Un grito de tregua paraliza la guerra.
Un grito de ¡tierra a la vista! ofrece esperanza a los marineros.
Un grito de auxilio puede ser escuchado y salvar una vida. O dos.
Un grito de guerra inicia una revolución.
Un grito de victoria la termina.


Este fue un grito igual de fuerte.


Sólo un grito.
Un grito que cambia el mundo.
Quizá no el mundo entero, eso sería una locura.
Cambia mi mundo.
Para alguien con un mundo tan inestable como el mío,
es una catástrofe que un grito sea tan potente, tan radical.

Un grito.
Sólo un grito.
Tu grito.
Y el mío a su vez.
Dos gritos, entonces.
(Lo cual demuestra que el grito no me ha enseñado a contar).
(O que fueron tan simultáneos y entrelazados
que no se distinguían el uno del otro.)
(Fueron gritos, al fin y al cabo.)


Fue un grito de revolución y presencia a la vez.
Fue un grito despiadado y cruel.
Fue un grito que anunciaba la profecía más importante de mi vida entera.
Fue un grito. Un grito y nada más.


Lo importante pasó después.
Lo importante fuiste.
Lo importante fui yo.
Lo importante fuimos nosotras al mezclarnos.
Lo importante fue jurar por la espada que nos protegeríamos.
Lo importante fue descubrir que juntas éramos más fuertes,
Capaces de lograr lo que quisiéramos.

Lo importante fue ser tú y yo, diferentes pero juntas.
Lo importante fue que hubo motivos para gritar.
Lo importante fue que a partir de entonces habría miles más.
Lo importante fueron las dificultades que se presentarían.
Lo importante fueron las discusiones.
Pero más importante fue superarlas con éxito.
Lo importante fue no entendernos.
Pero más importante fue llegar a hacerlo.
Lo importante es que ni yo soy , ni eres yo.
Lo importante es que nuestra mezcla es heterogénea.
Lo importante es que la batalla es larga y quizá la perdamos.
Pero más importante es saber que morirías por mi.
Y aún más, saber que yo lo haría por ti antes de que te dieses cuenta.


El grito fue importante.
El grito fue prólogo.
Y nosotras…
Nosotras somos la historia.

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Un grito que se pierde en un laberinto.

Divergencia

Cada vez nos alejamos más, cada vez estamos más lejos. Tú de mí y yo de ti.

Lucho por alcanzarte, de veras que lo hago.

Busco tu mirada de complicidad pero ya no la encuentro.

 

Cada vez somos más distintos, cada vez estamos más lejos. Tú de mí y yo de ti.

Lucho por entenderte, de veras que lo hago.

Busco sacarte una sonrisa pero ya no lo consigo.

 

Cada vez divergimos más y más y más y más y más. Tú de mí y yo de ti.

Como barcos a la deriva empujados por opuestos vientos de un mismo huracán.

Como líquidos de diferente densidad que ya no se saben mezclar.

Como esperanzas escritas en un papel que, poco a poco, se queman.

 

Cada vez nos perdemos más, cada vez nos encontramos menos. Tú de mí y yo de ti.

Lucho por frenarme y esperarte, pero no soy capaz de hacerlo.

Busco sonreírte sinceramente de nuevo, pero ya no puedo.

 

Cada vez nos alejamos más, cada vez estamos más lejos. Tú de mí y yo de ti. 

Ya no sé que hacer, te lo prometo.

Cada vez que hablamos, no nos entendemos.

Cada vez gritamos más y escuchamos menos.

Cada vez ignoramos más nuestros sueños y fingimos que jamás existieron.

Cada vez estamos más solos, separados por una triste pared.

 

Fuimos testigos de que amar merecía la pena.

Fuimos testigos de que el más grande amor no es de una pareja.

Fuimos testigos de las más sonoras risas, de los más siniestros recuerdos.

Fuimos testigos de cómo la música del piano rozaba el cielo.

Fuimos testigos del mundo, testigos del destino.

Fuimos testigos de que los accidentes no son fortuitos.

Y ahora estamos tan solos…

Cada vez más solos, cada vez más lejos, cada vez menos comprensivos.

 

Cada vez nos alejamos más, cada vez estamos más lejos. Tú de mí y yo de ti.

¿Quién podría imaginar que alguna vez fuimos infinitos?

¿Quién podría imaginar que algún día se apagaría nuestro fuego?

Dime, hermano mío, ¿lo hubieras imaginado tú?

Pues yo sólo puedo lamentarme en mi amarga derrota.

Permanecer altiva en mi montaña.

Ver cómo te marchas.

Y pedirte que, por favor, siempre me recuerdes.

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Cristal Roto.

¿Dónde…?

 

¿Dónde estoy ahora? Cuando veo que todo falla.

¿Dónde estoy? Tú, dime ¿Acaso me he quedado sola?

Si a mi alrededor no veo nada, pero el nada lo es todo:

Entonces queda esperanza, la canción y melodía;

cuando el ruiseñor despierta y está el cuervo en mi alma,

Entonces te veo y río. Por que no estoy sola.

¿Dónde estoy? y ¿Acaso eso importa?


Marina Cruz Chueco. 11 de Mayo de 2012.

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Como me gusta recordaros qué aspecto tenía cuando el texto concreto fue escrito… 

 

No puedo ser salvada

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No puedo ser salvada, hace tiempo que lo sé. No puedo ser salvada bajo ningún concepto y en ninguna circunstancia: ¿Quién sabe qué acontecerá si alguien lo intenta? Es extraño el conocimiento de que han sido mis propias manos quienes han infligido las heridas que mi alma porta sin orgullo, siempre envueltas en vergüenza y siempre sangrantes, a la vista.

No puedo ser salvada, las balas penetran hasta lo más profundo de mi cuerpo y se alojan entre los pliegues marchitos de un corazón que hace siglos que está roto. No puedo ser salvada, mi cabeza hace tiempo que no está en este mundo ni participa en los diversos constructos sociales. No puedo ser salvada, el cuchillo ha cortado elementos demasiado vitales que ahora me impiden respirar.

No puedo ser salvada, de noche el cielo implora mi perdón por todo aquello que jamás debió acontecer y carga a mis espaldas. No puedo ser salvada, el recuerdo del horror permanece grabado a fuego en mis recuerdos abandonados. No puedo ser salvada, la penitencia debe ser cumplida en cualquier contexto hasta haber pagado la pena por mis errores.

No puedo ser salvada, he hecho tanto mal que no parece que algún bien deba reflejarse en mi vida. No puedo ser salvada, me hallo en lo más recóndito del mundo, dentro de un pozo de oscuridad y desasosiego.

No puedo ser salvada.

No quiero ser salvada.

La Responsabilidad de los Grandes Artistas

Marina Cruz Chueco. 9 de Mayo de 2011.

Hace cinco años de esto, y creo que no cambiaría ni una sola de las palabras que en su momento escribí. Ni siquiera para retocar la gramática.

Así se escribió y así debe quedarse.

Una y otra vez me pregunto qué tiene de bueno ser yo. La respuesta a veces es simple: Nada. Tal vez solo la suerte de haber nacido en un sitio que no es demasiado desgraciado en comparación a otros países que apenas tienen para comer.

Cuando llegas a éste punto en el que no sabes por qué ni cómo… desistes. Siempre desistes. No puedes hacer nada para evitar esa caída tremenda que te va a dejar una huella imborrable.

Peeero, no seamos dramáticos. Al menos no tanto. Intentemos ser positivos y perdamos un electrón. Tienes que seguir adelante pese a todas las dificultades.

No es que me encante ser yo. Soy una persona aburrida que se pasa el día dibujando, pintando o escribiendo. Pues eso, aburrida. No sé qué me lleva a seguir con esto, si no importa lo que diga, no suelen escucharlo. Los estudios… No me agradan. Simplemente me tienen aburrida, son sencillos, a veces demasiado. Por eso prefiero aislarme en mi mundo en lugar de estar aquí, plantada en una clase de Castellano en la que no pinto nada.

Si pudiera llegar a ser como los grandes escritores románticos, sin dudar lo intentaría. No me frenaría ante nada. Pero ellos ya se fueron y ahora la escritura es algo que se menosprecia en gran medida. Me pregunto ¿dónde quedó la cultura? ¿Dónde quedaron los tiempos en los que todo el mundo ansiaba poder saber cosas y LUCHABAN por lograr que todo el mundo tuviera acceso a esas magníficas obras de tan magníficos autores?

Como dijo el gran Oscar Wilde:

Cualquiera puede hacer historia;  pero sólo un gran hombre puede escribirla.

 Y no podría estar más de acuerdo en esto. Tal vez por eso he decidido seguir el camino que he decidido seguir. Supongo que todos deduciréis que las ciencias no me van precisamente mal… Pero las abandoné. Me he cansado de tanta pantomima para acabar descubriendo cosas geniales que probablemente los gobiernos querrán ocultar. ¿Para qué dedicarme a hacer puentes si acabarán derrumbados? ¿Para qué ser una gran ingeniera o crear un automóvil ultra ecológico si luego nada de eso llegará a algo?

Si, puedo hacer historia… Pero si TODOS hacemos historia… ¿Quién la contará después? Se perderá en los límites del tiempo y del espacio, se distorsionará hasta límites que no creemos posibles hoy en día y en un futuro no muy lejano apenas quedará rastro de lo que fue en la actualidad ése hallazgo.

Echo sobre mis hombros ésta gran responsabilidad. La responsabilidad de dejar guardadas las marcas que otras personas hagan. Ser quien plasme la realidad actual sobre un lienzo, la que escriba lo que sucede y cómo sucede…

Tal vez no llegue a crear un estilo ni una época, no seré quien empezó el romanticismo ni quien continuó el realismo o el modernismo, no seré una gran autora clásica… Pero tal vez, solo tal vez, pueda llegar a ser un poquito más como ellos.

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Recordatorio: Este era mi aspecto cuando escribía el texto citado.

Una sonrisa especial

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Lyon, France.

Llevo toda la vida buscando una sonrisa especial.

Sé que será una sonrisa como no la haya visto nunca antes. Una sonrisa totalmente diferente. Quizá enseñe los dientes o quizá sea una sonrisa de labios pegados. Quizá sea sólo media sonrisa. Quizá sea una sonrisa extraña, tímida, amable, sarcástica, divertida. Quizá sea una sonrisa triste o quizá sea la sonrisa más radiante que encuentre en mi camino.

Sé que será una sonrisa que reconoceré en el mismo instante en que la vea, que se parará el tiempo y ya no existirá nada más que yo, el cielo azul, los rayos cálidos del sol sobre mi piel y esa sonrisa. Sé que la conoceré de día, porque sé que el sol palidecerá a su lado. Sé que no podré apartar la mirada de ella, porque la habré encontrado.

Llevo toda la vida buscando una sonrisa. Ninguna que haya visto se le acerca lo suficiente.

A veces, caminando por la calle, creo verla. Me giro, frenética, pero la sonrisa ha desaparecido. A veces, perdida en mis ensoñaciones, creo recordarla brevemente y la busco entre el paisaje que ocultan mis memorias. A veces la busco, la busco y la busco y la busco, en todos los rostros que me cruzo. Intento hacer reír a todo aquél que cruza sus pasos conmigo, intento que todos sean un poco más felices, a ver si así encuentro mi sonrisa.

A veces encuentro alguna similar.

A veces alguien me sonríe, y es una sonrisa preciosa. Y a veces me quedo con su dueño durante un tiempo. A veces la sonrisa es tan alegre que quiero guardarla en mi bolsillo y no dejar que se escape nunca. A veces, la sonrisa es triste y tiene miedo. En esas ocasiones me acerco todo lo que puedo, la acaricio y la cuido. En esas ocasiones intento arreglar las alas rotas del dueño, intento que esa sonrisa sea capaz de volar por sí misma. Y cuando finalmente lo hace, se lleva un trozo de mi alma. Esa sonrisa no era para mí, lo sé. Y, sin embargo, duele su ausencia, como si hubiera sido la sonrisa que buscaba. Como si no pudiera haber otra.

Al cabo de un tiempo, vuelvo a recordar mi misión: La sonrisa que busco y no encuentro.

Llevo toda la vida buscando una sonrisa especial. Sé que cuando la encuentre curará mis heridas y me acunará en su esperanza. Sé que cuando la encuentre no volveré a tener frío ni miedo, ni volveré a estar sola. Sé que cuando la encuentre, el hueco que hay en mi corazón se rendirá por fin ante el destino, y se llenará de risa y llanto y esperanza y dolor y siempre quedará hueco para los nuevos recuerdos.

A veces veo a otras personas que también buscan sonrisas y, a veces, las encuentran.

A veces encuentran la sonrisa a mi lado, cerca mío, encuentran la sonrisa que yo estaba cuidando y se la llevan, me la arrebatan. A veces peleo para que no lo hagan pero nunca lo consigo. Porque esa sonrisa no era mía, era suya, y tienen derecho a atesorar la sonrisa que les pertenece.

A veces encuentro personas que han perdido su sonrisa, y me apiado de ellos.

Pobres seres que se deshacen en la lluvia. Pobres almas solitarias que se retuercen en la miseria. Me apiado de ellos, y rezo cada noche para no perder la mía antes de encontrarla.

Llevo mucho tiempo buscando una sonrisa.

Es una sonrisa especial.

Supongo que no la has visto en tu camino ¿no?

Pay it No Mind

Siempre me he sentido confusa y contrariada durante el día internacional de la mujer. Desde que era joven he intentado entender la utilidad de un día dedicado a algo (hoy, 8 de Marzo, día de la mujer trabajadora).

Pensaba: ¿No perpetúa este día, acaso, la dolorosa memoria de la desigualdad sufrida por el género femenino el siglo pasado? ¿No se trata, acaso, de otro día más que nos recuerda un tema obsoleto que ya no nos afecta? No. NO.

Y no puedo enfatizar lo suficiente el gran NO que ahora mismo podría gritarle a mi mini-yo.

Una pequeña Marina con la cabeza totalmente lavada por el patriarcado cristiano que formaba parte de su vida. Una pequeña Marina lo suficientemente inteligente como para hacer ecuaciones a los 8 años pero no lo suficientemente libre como para forjar una opinión respecto a la lucha feminista y lo necesario que resulta un día conmemorativo hacia una de las pocas batallas ganadas a lo largo de la historia.

Si pudiera viajar al pasado, a esos años predecesores de mi Comunión (y posterior Apostasía o negación de Dios), me abrazaría a mí misma y me explicaría con mucha paciencia aquello que no quise creerle a mi madre hasta que cumplí los 10/11 años.

Por suerte, hoy en día soy feminista declarada y me gusta participar activamente en la creación de una conciencia popular moral e igualitaria. Por suerte, hoy en día la rabia hierve en mi interior cada vez que presencio cualquiera de las absurdas tretas que el patriarcado utiliza para invalidar al género femenino y ensalzar al masculino mediante unos estándares imposibles. ¡Y por suerte para vosotros, hoy no es el día en que dedico un post entero al feminismo y mi relación con él!

Hoy es el día en que hablamos de Marsha Johnson (y nombramos a Sylvia Rivera).

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Marsha “Pay it No Mind” Johnson

Si eres parte de la comunidad LGBT+ (como integrante o aliado), quizá conozcas su nombre o su cara. A estas alturas no doy nada por hecho, así que quizá esta maravillosa mujer no te suene ni siquiera un poquito pese a su significativo papel como activista de los derechos Transexuales y LGBT+ durante el siglo pasado.

MARSHA P. JOHNSON.

Guía rápida.
¿Quién es?

Marsha P. Johnson fue una mujer Transexual durante la segunda mitad del siglo XX. Fue, de hecho, uno de los iconos más importantes de la comunidad Gay, Lesbiana, Bisexual y Transgénero en Nueva York.

Nació bajo el  nombre de Malcolm Michaels, pero se cambió el nombre en 1966 y se puso Marsha P.  Johnson. Cuando le preguntaban qué ocultaba la “P”, solía responder “No es algo que importe” (Pay it no mind). Resulta una anécdota muy divertida una vez que, enfrentada a un tribunal, el juez mismo le preguntó qué significaba esa sigla; tras la respuesta de Marsha (Pay it no mind) el juez la dejó marchar sin organizar mucho jaleo.

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Marsha P. Johnson

Era una mujer excéntrica, reconocida por su aspecto extravagante. A veces, sin embargo, volvía a su otro-yo (Malcolm), y resultaba muy diferente a ojos de todo aquel que la conociera. De todos modos, pese a ser mucho más feliz y sentirse más cómoda como mujer, nunca se enfadaba con nadie que confundiera los pronombres que debían utilizar con ella.

Marsha era una mujer muy fuerte: Nunca tuvo miedo de ser quien era pese a la ridiculización que sufría en base diaria por su elección libre de vestir y vivir como una mujer pese a poseer los rasgos físicos de un hombre. No tenía un hogar fijo y solía vivir en las calles de la ciudad (algo muy normal para la gente transgénero de la época). Tanto solidarizaba con otras víctimas de la sociedad que, junto a la anteriormente nombrada Sylvia Riverafundó STAR (Street Transvestite Action Revolutionaries).

Vivió en Greenwich Village, Nueva York, hasta el día de su muerte. Era devota al estilo alternativo de vida que había escogido y apoyaba a todos aquellos que quisieran unirse a su forma de ver el mundo. Pretendían llevar a cabo una vida de aceptación, pero ni siquiera en una ciudad como NY era eso posible y el rechazo hacia su modo de vida se volvió violento en 1969, durante las revueltas de Stonewall.

Stonewall Riots

Las Revueltas de Stonewall fueron una serie de demostraciones de violencia espontáneas que llevaron a cabo los miembros de la Comunidad Gay durante una redada policial el 28 de Junio de 1969 en la Taberna Stonewall. Hoy en día se considera uno de los eventos más importantes del movimiento de Liberación Homosexual y la lucha moderna por los derechos LGBT+ en los Estados Unidos.

La taberna era uno de los pocos establecimientos que acogían abiertamente a personas homosexuales durante los años 50 y 60; por si fuera poco, en aquél momento la propiedad del local era de la Mafia Americana. (Ese momento incómodo en que la Mafia Americana era mucho más tolerante que el Gobierno Central de los Estados Unidos). 

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Sylvia Rivera (sujetando la bandera) y Marsha P. Johnson (con la nevera), fundadoras de STAR, durante la Marcha del Orgullo Gay, NYC (24 de Junio de 1973).

Las Revueltas de Stonewall fueron el inicio de la Revolución Homosexual Estadounidense, y gracias a ellas en pocos años habían surgido varias organizaciones de lucha por los derechos homosexuales, además de la primera Marcha del Orgullo Gay en 1970.

Pero ¿Quienes fueron las dos mujeres que devolvieron el ataque policial durante las Revueltas?

Por supuesto: Marsha y Sylvia.

STAR

Street Transvestite Action Revolutionaries (posteriormente Street Transgender Action Revolutionaries), fue una organización transgénero y gay. Acogía a los miembros más jóvenes de la comunidad LGBT, especialmente queens y mujeres trans de color. Johnson y Rivera no tenían ningún problema en llevar a cabo acciones no-legales en las calle, para mantener a toda su gente bien alimentada y prevenir que fueran los jóvenes quienes delinquieran.

STAR tuvo problemas durante la asimilación tardía de los grupos LGBT, que visualizaban a los Drag como misóginos. STAR continuó presionando para la inclusión transexual y no-conforme con el género dentro de las organizaciones LGBT y legislación.

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(Bajo el Paraguas Negro a la Izquierda) Marsha y Sylvia en una manifestación.

 

EN RESUMEN

Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera fueron dos de los iconos más importantes de la Revolución Homosexual Estadounidense y eso es algo de gran importancia. ¿Por qué?, os preguntaréis. Porque fueron dos mujeres transexuales DE COLOR las que hicieron posible el inicio de una lucha que dura hasta el día de hoy. No fue un Joven Chico Gay Blanco (como sugieren en esta aberración llamada “Stonewall”), sino que fueron dos personas que habían dedicado su vida a cuidar a otras personas como ellas, dos personas que hicieron todo lo que estuvo en sus manos para que el resto tuviera derechos básicos.

Fueron dos mujeres transexuales que cuando la Comunidad “LGB” de aquél momento las marginó y expulsó de su lucha, insistieron con más fuerza y nunca abandonaron su objetivo. Fueron dos mujeres que pese a tener todas las de perder, no se centraron en su lucha, si no en la de todo el mundo, porque hasta que todos no tengamos derechos, nadie los tendrá. 

Por eso el día de hoy, Día de la Mujer, se lo dedico a esta asombrosa mujer, Marsha P. Johnson, que tantísimo hizo por los derechos de otras personas y nunca recibió ningún tipo de reconocimiento social. No dejemos que el patriarcado borre a las mujeres de color de la historia y les niegue lo que por derecho les corresponde.

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“No Pride for Some of Us without Liberation for All of Us” by Micah Bazant.

 

Lamento no poder explayarme en este tema que tanto me apasiona, pero es la 1:57 de la Madrugada, me levanto a las 5 para ir a clase y, honestamente, debería dormir. Pero ¡también quiero publicar esto! Así que sin revisar y con horrores ortográficos, sale del horno.

¡No dudéis en comentarme cualquier fallo que veáis!

Para saber más de esta maravillosa mujer, hicieron un documental hace unos años.