¡Es ella!

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“¡Es ella!”

Gritarán sus voces,

-inundadas por la ira

y distorsionadas por el odio-

al verla en una esquina cualquiera,

Fumando un cigarrillo de olvido.

 

“¡Es ella!”

Gritarán sus mentes,

-desorientadas por la ilusión de, al fin, encontrarla-

Al percibirla entre la gente

Pero no distinguir su alma en pena.

 

“¡Es ella!”

Gritarán sus corazones,

-desesperados por la locura

de no poder verla

ni poder abrazarla-

Al creer que ese fuego

Que ha quemado sus recuerdos

Fue causado por ella

Y su pelo negro.

 

“¡Es ella!”

Gritarán al verla

-arrastrando mil promesas

Y varios discursos que no recuerda-

Al fin de vuelta.

 

Será cuando se siente frente a ellos

Y sostenga al frente la culpa

Que la mirarán de nuevo

-esta vez desde muy lejos-

Y murmurarán en el viento:

“No, no es ella.”

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Un grito

Un grito.
Un grito es todo lo que hace falta para marcar la diferencia.
Un grito de tregua paraliza la guerra.
Un grito de ¡tierra a la vista! ofrece esperanza a los marineros.
Un grito de auxilio puede ser escuchado y salvar una vida. O dos.
Un grito de guerra inicia una revolución.
Un grito de victoria la termina.


Este fue un grito igual de fuerte.


Sólo un grito.
Un grito que cambia el mundo.
Quizá no el mundo entero, eso sería una locura.
Cambia mi mundo.
Para alguien con un mundo tan inestable como el mío,
es una catástrofe que un grito sea tan potente, tan radical.

Un grito.
Sólo un grito.
Tu grito.
Y el mío a su vez.
Dos gritos, entonces.
(Lo cual demuestra que el grito no me ha enseñado a contar).
(O que fueron tan simultáneos y entrelazados
que no se distinguían el uno del otro.)
(Fueron gritos, al fin y al cabo.)


Fue un grito de revolución y presencia a la vez.
Fue un grito despiadado y cruel.
Fue un grito que anunciaba la profecía más importante de mi vida entera.
Fue un grito. Un grito y nada más.


Lo importante pasó después.
Lo importante fuiste.
Lo importante fui yo.
Lo importante fuimos nosotras al mezclarnos.
Lo importante fue jurar por la espada que nos protegeríamos.
Lo importante fue descubrir que juntas éramos más fuertes,
Capaces de lograr lo que quisiéramos.

Lo importante fue ser tú y yo, diferentes pero juntas.
Lo importante fue que hubo motivos para gritar.
Lo importante fue que a partir de entonces habría miles más.
Lo importante fueron las dificultades que se presentarían.
Lo importante fueron las discusiones.
Pero más importante fue superarlas con éxito.
Lo importante fue no entendernos.
Pero más importante fue llegar a hacerlo.
Lo importante es que ni yo soy , ni eres yo.
Lo importante es que nuestra mezcla es heterogénea.
Lo importante es que la batalla es larga y quizá la perdamos.
Pero más importante es saber que morirías por mi.
Y aún más, saber que yo lo haría por ti antes de que te dieses cuenta.


El grito fue importante.
El grito fue prólogo.
Y nosotras…
Nosotras somos la historia.

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Un grito que se pierde en un laberinto.

Divergencia

Cada vez nos alejamos más, cada vez estamos más lejos. Tú de mí y yo de ti.

Lucho por alcanzarte, de veras que lo hago.

Busco tu mirada de complicidad pero ya no la encuentro.

 

Cada vez somos más distintos, cada vez estamos más lejos. Tú de mí y yo de ti.

Lucho por entenderte, de veras que lo hago.

Busco sacarte una sonrisa pero ya no lo consigo.

 

Cada vez divergimos más y más y más y más y más. Tú de mí y yo de ti.

Como barcos a la deriva empujados por opuestos vientos de un mismo huracán.

Como líquidos de diferente densidad que ya no se saben mezclar.

Como esperanzas escritas en un papel que, poco a poco, se queman.

 

Cada vez nos perdemos más, cada vez nos encontramos menos. Tú de mí y yo de ti.

Lucho por frenarme y esperarte, pero no soy capaz de hacerlo.

Busco sonreírte sinceramente de nuevo, pero ya no puedo.

 

Cada vez nos alejamos más, cada vez estamos más lejos. Tú de mí y yo de ti. 

Ya no sé que hacer, te lo prometo.

Cada vez que hablamos, no nos entendemos.

Cada vez gritamos más y escuchamos menos.

Cada vez ignoramos más nuestros sueños y fingimos que jamás existieron.

Cada vez estamos más solos, separados por una triste pared.

 

Fuimos testigos de que amar merecía la pena.

Fuimos testigos de que el más grande amor no es de una pareja.

Fuimos testigos de las más sonoras risas, de los más siniestros recuerdos.

Fuimos testigos de cómo la música del piano rozaba el cielo.

Fuimos testigos del mundo, testigos del destino.

Fuimos testigos de que los accidentes no son fortuitos.

Y ahora estamos tan solos…

Cada vez más solos, cada vez más lejos, cada vez menos comprensivos.

 

Cada vez nos alejamos más, cada vez estamos más lejos. Tú de mí y yo de ti.

¿Quién podría imaginar que alguna vez fuimos infinitos?

¿Quién podría imaginar que algún día se apagaría nuestro fuego?

Dime, hermano mío, ¿lo hubieras imaginado tú?

Pues yo sólo puedo lamentarme en mi amarga derrota.

Permanecer altiva en mi montaña.

Ver cómo te marchas.

Y pedirte que, por favor, siempre me recuerdes.

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Cristal Roto.

¿Dónde…?

 

¿Dónde estoy ahora? Cuando veo que todo falla.

¿Dónde estoy? Tú, dime ¿Acaso me he quedado sola?

Si a mi alrededor no veo nada, pero el nada lo es todo:

Entonces queda esperanza, la canción y melodía;

cuando el ruiseñor despierta y está el cuervo en mi alma,

Entonces te veo y río. Por que no estoy sola.

¿Dónde estoy? y ¿Acaso eso importa?


Marina Cruz Chueco. 11 de Mayo de 2012.

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Como me gusta recordaros qué aspecto tenía cuando el texto concreto fue escrito…