Desesperanza.

No sé cómo podría describir el momento en que, por primera vez, encontré la sonrisa que buscaba. Si tuviera que encontrar un símil diría, sin lugar a dudas, que fue un golpe seco sobre el esternón que me dejó sin aire. Diría, sin miedo a equivocarme, que el mundo se detuvo y, simplemente, lo supe. ¡Y pensar que a menudo me hube reído de aquellos que me aseguraban que sucedería de repente! ¡Y pensar que les llamé mentirosos y creí, en mi infinito narcisismo, que yo era inmune ante el destino!

Lo hecho, hecho queda. Lo sucedido no se puede cambiar por mucho que me pese. Me lamento ante la sucesión absurda de causalidades que me han traído aquí. Me lamento del cruel sentido del humor que tiene la vida para ponerme delante a mi alma gemela y decirme: “No, no puedes quedarte con él”.

Me lamento, pero mi lamento no cambia absolutamente nada. La carcajada de cupido resuena en mis tímpanos con cada latido, habiendo perdido hace tiempo el norte y permaneciendo ausente en mis ensoñaciones.

Recuerdo todas aquellas esperanzas que poblaban mi ser antaño, cuando creía que llegado el momento todas las piezas encajarian y el engranaje ya no se detendría, que la maquinaria sería perfecta. Creí que el sol brillaria y yo sería absurdamente feliz, eternamente llena de dicha. Recuerdo todas mis perspectivas y me río de mi ingenuidad. ¡Cómo pude llegar a creer tales falacias! Los engranajes encajan y duelen como si no hubiera mañana. La máquina va a trompicones, pausada e inexorable: me pregunto si me estará dirigiendo hacia un precipicio fatal por el que deberé caer.

Las piezas encajan y sé que es él. Y él sabe que soy yo (o eso espero). Esto, sin embargo, parece una comedia romántica americana cutre, de las de los 90. Nadie me dijo que el amor me llenaría de dolor y miseria, que incluso sintiéndolo jamás llegaría a comprenderlo.

He encontrado mi sonrisa pero no me sonríe a mí.

Febrero de 2016.

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No dejes que te atrapen,
espíritu salvaje,
aunque logren llevarse
tu alma descosida
y con ella se lleven
todos tus sueños.

No dejes que te atrapen,
espíritu salvaje,
aunque nunca se rindan
ni cejen sus empejos
y así te persigan
toda tu vida.

No dejes que te atrapen,
espíritu salvaje,
aunque hoy no estés bien
el mañana te espera
y seguirá ahí
durante siglos.

No dejes que te atrapen,
espíritu salvaje,
aunque hayas de correr
por siempre en la noche
y sea tu piel
tu único equipaje.

No dejes que te atrapen,
espíritu salvaje,
huye libre por el monte,
los prados y el mar
y lleva tu poesía
hasta nunca jamás.

Marina Chueco [Junio de 2017]

¡Es ella!

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“¡Es ella!”

Gritarán sus voces,

-inundadas por la ira

y distorsionadas por el odio-

al verla en una esquina cualquiera,

Fumando un cigarrillo de olvido.

 

“¡Es ella!”

Gritarán sus mentes,

-desorientadas por la ilusión de, al fin, encontrarla-

Al percibirla entre la gente

Pero no distinguir su alma en pena.

 

“¡Es ella!”

Gritarán sus corazones,

-desesperados por la locura

de no poder verla

ni poder abrazarla-

Al creer que ese fuego

Que ha quemado sus recuerdos

Fue causado por ella

Y su pelo negro.

 

“¡Es ella!”

Gritarán al verla

-arrastrando mil promesas

Y varios discursos que no recuerda-

Al fin de vuelta.

 

Será cuando se siente frente a ellos

Y sostenga al frente la culpa

Que la mirarán de nuevo

-esta vez desde muy lejos-

Y murmurarán en el viento:

“No, no es ella.”

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Día de las Escritoras

Hoy es el primer día de las escritoras.
Y quizá no os lo parezca, pero es un gran triunfo.

 

¿Por qué?

 

Porque a lo largo de la historia se nos ha menospreciado y ninguneado.
Se nos ha pisoteado, se nos ha intentado esconder.
Se han tapado nuestros nombres
(O se ha elogiado a los hombres que nos acompañaban.)
Se han reído de nuestra pluma, se han roto nuestras páginas.
Nos quitaron las máquinas, las plumas, el papel.
Nos quitaron la educación.
Pero nunca nos apagaron del todo.
Y hoy, es el día de las escritoras.

 

Porque a lo largo de la historia, las obras de escritores se han convertido en clásicos;
mientras las obras de escritoras han quedado clasificadas como literatura pueril destinada al público adolescente.
Quizá sea una nimiedad o quizá no.
Te animo, pues, a mirar tu estantería.
Te animo a contar cuántos autores encuentras en ella.
Te animo a encontrar varias autoras.
Quiero que observes los títulos y recuerdes las críticas que recibieron.
Hazlo para ti mismo. Simplemente reflexiona.
No necesito una respuesta.


Hoy es el día de las escritoras que tuvieron que publicar bajo pseudónimo masculino.


Hoy es el día de Catarina Albert, escritora de mi tierra, Cataluña, que se vio relegada al nombre de Víctor Català.
Hoy es el día de Cecilia Böhl de Faber y Larrea, que viajó mucho, escribió mucho y vio mucho. Que firmó sus obras como Fernán Caballero y, aún hoy en día, hay gente que olvida que fue una mujer.
Hoy es el día de Olive Schreiner, sudafricana, intelectual y activista contra la guerra. Que tuvo que firmar “La Historia de una Granja Africana” bajo el nombre de Ralph Iron en la no lejana época victoriana.


Hoy es el día de las escritoras revolucionarias, de las que gritaron a los cuatro vientos.


Hoy es el día de Clara Campoamor, que nunca dejó que nadie le dijera cómo debía luchar o qué debía escribir. Fue libre y capaz, y hoy en día su grito aún resuena en nuestra lucha.
Hoy es el día de Magda Donato, pionera del periodismo y aventurera que se hizo pasar por loca para entrar en una isla manicomio de NY.


Pero también es el día de las escritoras solitarias con neurodivergencias.


Hoy es el día de Virginia Woolf, mujer bisexual y bipolar, que escribió la que han categorizado como la carta de amor más larga en la historia de la literatura y relató su mundo interior sin descanso hasta el día de su suicidio.
Hoy es el día de Sylvia Plath, poetisa con depresión, novelista y escritora de relatos cortos, una vida angustiosa pero llena de belleza, hasta el día de su suicidio.


Hoy es el día de las mujeres que cambiaron la literatura.


Hoy es el día de Mary Shelley, que no se amedrantó nunca frente a un hombre y creó un monstruo eterno que, irónicamente, aún vive hoy en día dentro de nuestra ficción.
Hoy es el día de Jane Austen, casi aislada de la sociedad, que diseñó a mujeres fuertes, separadas de la sumisión de la época, mujeres que se cuestionaban los motivos.


Hoy es el día de aquellas mujeres que alzaron su pluma junto a su voz y se atrevieron a cuestionar el sistema.


Hoy es el día de Toni Morrisson, la primera mujer negra ganadora de un premio Nobel (Nobel Literatura ’93). Rebelde, firme, capaz que aún a día de hoy habla libremente de aquello que considera necesario. (Documental de la BBC).


Hoy es el día de las escritoras.
Y es importante porque es nuestro día, el de todas nosotras.
El de las mujeres que han muerto y el de las que aún no han nacido.
Es el día de esa niña de 8 años que escribe una historia de dragones.
Es el día de una adolescente solitaria que no quiere enseñar su obra a nadie.
Y es el día de la otra adolescente que publica su trabajo en línea.
Y el día de una mujer que ha perdido el sentido de su vida.
Y el de una anciana que al fin ha comprendido el sentido de la existencia.
El de cualquier mujer que quiera soñar.


Hoy es el día de las escritoras.
Es para todas nosotras, escritoras del siglo XXI.
Es un día que empieza en la era de la comunicación para que clamemos victoria.
Es un día que viene disfrazado como meta.
(Pero no lo es: Es la línea de salida.)


Irónicamente es ahora cuando más difícil vamos a tenerlo.
Porque quieren perpetuar la idea de que escribimos “cosas de chicas” que ellos consideran absurdas..
Porque nos quieren calladas, nos quieren silenciosas y discretas.
Porque van a intentar que discutamos, que nos enfrentemos, que nos ninguneemos.
Porque somos muchas.
Porque somos mujeres, somos fuertes, somos valientes, somos capaces.
Porque sabemos escribir y, además, podemos hacerlo público.


Es ahora cuando van a demostrar el miedo que nos tienen.


Seguid adelante, libres, con vuestras (nuestras) obras.
Asustadlos, asustadlos y que se enteren de que no pueden callarnos.
Que tiemblen.
Que tiemblen ante la perspectiva de ver conectadas a más mujeres de las que puedan imaginar.


Y no os rindáis.
Sois válidas e importantes.
Sois Catarina, Sofía, Mary, Jane, Toni, Sylvia.
Sois muchas más que han quedado por el camino.
Sois todas las escritoras que han existido.
Pero lo más importante: Sois las escritoras de esta era.
El presente es vuestro.
Cogedlo y moldeadlo a vuestro antojo.

Un grito

Un grito.
Un grito es todo lo que hace falta para marcar la diferencia.
Un grito de tregua paraliza la guerra.
Un grito de ¡tierra a la vista! ofrece esperanza a los marineros.
Un grito de auxilio puede ser escuchado y salvar una vida. O dos.
Un grito de guerra inicia una revolución.
Un grito de victoria la termina.


Este fue un grito igual de fuerte.


Sólo un grito.
Un grito que cambia el mundo.
Quizá no el mundo entero, eso sería una locura.
Cambia mi mundo.
Para alguien con un mundo tan inestable como el mío,
es una catástrofe que un grito sea tan potente, tan radical.

Un grito.
Sólo un grito.
Tu grito.
Y el mío a su vez.
Dos gritos, entonces.
(Lo cual demuestra que el grito no me ha enseñado a contar).
(O que fueron tan simultáneos y entrelazados
que no se distinguían el uno del otro.)
(Fueron gritos, al fin y al cabo.)


Fue un grito de revolución y presencia a la vez.
Fue un grito despiadado y cruel.
Fue un grito que anunciaba la profecía más importante de mi vida entera.
Fue un grito. Un grito y nada más.


Lo importante pasó después.
Lo importante fuiste.
Lo importante fui yo.
Lo importante fuimos nosotras al mezclarnos.
Lo importante fue jurar por la espada que nos protegeríamos.
Lo importante fue descubrir que juntas éramos más fuertes,
Capaces de lograr lo que quisiéramos.

Lo importante fue ser tú y yo, diferentes pero juntas.
Lo importante fue que hubo motivos para gritar.
Lo importante fue que a partir de entonces habría miles más.
Lo importante fueron las dificultades que se presentarían.
Lo importante fueron las discusiones.
Pero más importante fue superarlas con éxito.
Lo importante fue no entendernos.
Pero más importante fue llegar a hacerlo.
Lo importante es que ni yo soy , ni eres yo.
Lo importante es que nuestra mezcla es heterogénea.
Lo importante es que la batalla es larga y quizá la perdamos.
Pero más importante es saber que morirías por mi.
Y aún más, saber que yo lo haría por ti antes de que te dieses cuenta.


El grito fue importante.
El grito fue prólogo.
Y nosotras…
Nosotras somos la historia.

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Un grito que se pierde en un laberinto.

Divergencia

Cada vez nos alejamos más, cada vez estamos más lejos. Tú de mí y yo de ti.

Lucho por alcanzarte, de veras que lo hago.

Busco tu mirada de complicidad pero ya no la encuentro.

 

Cada vez somos más distintos, cada vez estamos más lejos. Tú de mí y yo de ti.

Lucho por entenderte, de veras que lo hago.

Busco sacarte una sonrisa pero ya no lo consigo.

 

Cada vez divergimos más y más y más y más y más. Tú de mí y yo de ti.

Como barcos a la deriva empujados por opuestos vientos de un mismo huracán.

Como líquidos de diferente densidad que ya no se saben mezclar.

Como esperanzas escritas en un papel que, poco a poco, se queman.

 

Cada vez nos perdemos más, cada vez nos encontramos menos. Tú de mí y yo de ti.

Lucho por frenarme y esperarte, pero no soy capaz de hacerlo.

Busco sonreírte sinceramente de nuevo, pero ya no puedo.

 

Cada vez nos alejamos más, cada vez estamos más lejos. Tú de mí y yo de ti. 

Ya no sé que hacer, te lo prometo.

Cada vez que hablamos, no nos entendemos.

Cada vez gritamos más y escuchamos menos.

Cada vez ignoramos más nuestros sueños y fingimos que jamás existieron.

Cada vez estamos más solos, separados por una triste pared.

 

Fuimos testigos de que amar merecía la pena.

Fuimos testigos de que el más grande amor no es de una pareja.

Fuimos testigos de las más sonoras risas, de los más siniestros recuerdos.

Fuimos testigos de cómo la música del piano rozaba el cielo.

Fuimos testigos del mundo, testigos del destino.

Fuimos testigos de que los accidentes no son fortuitos.

Y ahora estamos tan solos…

Cada vez más solos, cada vez más lejos, cada vez menos comprensivos.

 

Cada vez nos alejamos más, cada vez estamos más lejos. Tú de mí y yo de ti.

¿Quién podría imaginar que alguna vez fuimos infinitos?

¿Quién podría imaginar que algún día se apagaría nuestro fuego?

Dime, hermano mío, ¿lo hubieras imaginado tú?

Pues yo sólo puedo lamentarme en mi amarga derrota.

Permanecer altiva en mi montaña.

Ver cómo te marchas.

Y pedirte que, por favor, siempre me recuerdes.

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Cristal Roto.

¿Dónde…?

 

¿Dónde estoy ahora? Cuando veo que todo falla.

¿Dónde estoy? Tú, dime ¿Acaso me he quedado sola?

Si a mi alrededor no veo nada, pero el nada lo es todo:

Entonces queda esperanza, la canción y melodía;

cuando el ruiseñor despierta y está el cuervo en mi alma,

Entonces te veo y río. Por que no estoy sola.

¿Dónde estoy? y ¿Acaso eso importa?


Marina Cruz Chueco. 11 de Mayo de 2012.

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Como me gusta recordaros qué aspecto tenía cuando el texto concreto fue escrito… 

 

No puedo ser salvada

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No puedo ser salvada, hace tiempo que lo sé. No puedo ser salvada bajo ningún concepto y en ninguna circunstancia: ¿Quién sabe qué acontecerá si alguien lo intenta? Es extraño el conocimiento de que han sido mis propias manos quienes han infligido las heridas que mi alma porta sin orgullo, siempre envueltas en vergüenza y siempre sangrantes, a la vista.

No puedo ser salvada, las balas penetran hasta lo más profundo de mi cuerpo y se alojan entre los pliegues marchitos de un corazón que hace siglos que está roto. No puedo ser salvada, mi cabeza hace tiempo que no está en este mundo ni participa en los diversos constructos sociales. No puedo ser salvada, el cuchillo ha cortado elementos demasiado vitales que ahora me impiden respirar.

No puedo ser salvada, de noche el cielo implora mi perdón por todo aquello que jamás debió acontecer y carga a mis espaldas. No puedo ser salvada, el recuerdo del horror permanece grabado a fuego en mis recuerdos abandonados. No puedo ser salvada, la penitencia debe ser cumplida en cualquier contexto hasta haber pagado la pena por mis errores.

No puedo ser salvada, he hecho tanto mal que no parece que algún bien deba reflejarse en mi vida. No puedo ser salvada, me hallo en lo más recóndito del mundo, dentro de un pozo de oscuridad y desasosiego.

No puedo ser salvada.

No quiero ser salvada.

La Responsabilidad de los Grandes Artistas

Marina Cruz Chueco. 9 de Mayo de 2011.

Hace cinco años de esto, y creo que no cambiaría ni una sola de las palabras que en su momento escribí. Ni siquiera para retocar la gramática.

Así se escribió y así debe quedarse.

Una y otra vez me pregunto qué tiene de bueno ser yo. La respuesta a veces es simple: Nada. Tal vez solo la suerte de haber nacido en un sitio que no es demasiado desgraciado en comparación a otros países que apenas tienen para comer.

Cuando llegas a éste punto en el que no sabes por qué ni cómo… desistes. Siempre desistes. No puedes hacer nada para evitar esa caída tremenda que te va a dejar una huella imborrable.

Peeero, no seamos dramáticos. Al menos no tanto. Intentemos ser positivos y perdamos un electrón. Tienes que seguir adelante pese a todas las dificultades.

No es que me encante ser yo. Soy una persona aburrida que se pasa el día dibujando, pintando o escribiendo. Pues eso, aburrida. No sé qué me lleva a seguir con esto, si no importa lo que diga, no suelen escucharlo. Los estudios… No me agradan. Simplemente me tienen aburrida, son sencillos, a veces demasiado. Por eso prefiero aislarme en mi mundo en lugar de estar aquí, plantada en una clase de Castellano en la que no pinto nada.

Si pudiera llegar a ser como los grandes escritores románticos, sin dudar lo intentaría. No me frenaría ante nada. Pero ellos ya se fueron y ahora la escritura es algo que se menosprecia en gran medida. Me pregunto ¿dónde quedó la cultura? ¿Dónde quedaron los tiempos en los que todo el mundo ansiaba poder saber cosas y LUCHABAN por lograr que todo el mundo tuviera acceso a esas magníficas obras de tan magníficos autores?

Como dijo el gran Oscar Wilde:

Cualquiera puede hacer historia;  pero sólo un gran hombre puede escribirla.

 Y no podría estar más de acuerdo en esto. Tal vez por eso he decidido seguir el camino que he decidido seguir. Supongo que todos deduciréis que las ciencias no me van precisamente mal… Pero las abandoné. Me he cansado de tanta pantomima para acabar descubriendo cosas geniales que probablemente los gobiernos querrán ocultar. ¿Para qué dedicarme a hacer puentes si acabarán derrumbados? ¿Para qué ser una gran ingeniera o crear un automóvil ultra ecológico si luego nada de eso llegará a algo?

Si, puedo hacer historia… Pero si TODOS hacemos historia… ¿Quién la contará después? Se perderá en los límites del tiempo y del espacio, se distorsionará hasta límites que no creemos posibles hoy en día y en un futuro no muy lejano apenas quedará rastro de lo que fue en la actualidad ése hallazgo.

Echo sobre mis hombros ésta gran responsabilidad. La responsabilidad de dejar guardadas las marcas que otras personas hagan. Ser quien plasme la realidad actual sobre un lienzo, la que escriba lo que sucede y cómo sucede…

Tal vez no llegue a crear un estilo ni una época, no seré quien empezó el romanticismo ni quien continuó el realismo o el modernismo, no seré una gran autora clásica… Pero tal vez, solo tal vez, pueda llegar a ser un poquito más como ellos.

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Recordatorio: Este era mi aspecto cuando escribía el texto citado.