Crónica Literaria

No cambies

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No cambies.

No cambies. Repito: No cambies. Nunca cambies. Y cuando te pido que no cambies, te lo pido de corazón. De hecho, si al final resulta que tengo alma, te lo pido con toda ella, desde lo más profundo. Si alguna vez viste sinceridad en mi mirada, te pido que la recuerdes y la apliques en este instante a mis palabras: No cambies.

Yo no lo entiendo. No lo entiendo. De verdad: No lo entiendo. Y cuando digo que no lo entiendo, lo digo utilizando toda la lógica que me es posible. De hecho, si al final resulta que mi expediente académico no refleja mi inteligencia, espero que al menos me otorgue el derecho a no entenderlo. Y si alguna vez creí hacerlo, te pido que me perdones, pues no lo hago.

Porque el mundo es raro. Es muy raro. Tan raro que parece que esté boca abajo, y cuando te giras sigue boca abajo, y por mucho que te esfuerces no puedes verlo del derecho. Porque está al revés, te lleva la contraria. Nos lleva la contraria. Me lleva la contraria. Y no me gusta, no me gusta que me lleven la contraria. No me gusta construir un pensamiento, inventar una moral, desarrollar cierta ética propia… y que sea en vano. Porque el mundo es raro, y al mundo le gusta destruir todo lo que tú consigues con tu valor y tu esperanza. Al mundo no le gusta que seas una persona independiente y capaz, no le gusta que pienses y sientas e inventes y llores y rías y mueras de amor y rabia y dolor y felicidad a la vez. Al mundo no le gusta que seas. Que seas.

No cambies. Y cuando te digo que no cambies, lo digo de verdad. Porque no hay nadie que merezca un cambio en tu persona excepto tú mismo. Y si tú crees que debes cambiar, cambia. Pero antes de hacerlo párate a pensar, aunque sólo sea un instante, aunque sea un suspiro: Párate a pensar. ¿Quieres cambiar? ¿Quieres ser otra persona? ¿O acaso el mundo te está diciendo que cambies? ¿Acaso el mundo te está obligando a ser quien no eres? Recuerda que si cambias tendrás que esforzarte: Vas a tener que construir tu mundo interior de cero, no sólo tu apariencia. Vas a tener que volver a empezar todo lo que antaño ya se erguía sólido sobre cemento. Vas a tener que pintar de otro color una felicidad que ya era completa. ¿Te merece la pena? ¿Te merece la pena ese esfuerzo inútil para amoldarte a un mundo que no te quiere?

No cambies. Y cuando te digo que no cambies, me reafirmo a mí misma.

Porque yo no voy a cambiar.

Y tú tampoco deberías hacerlo. 

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