Crónica Literaria

Distopía

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DISTOPÍA [di-sto-pí-a] Representación imaginaria de una sociedad futura con características negativas que son las causantes de alienación moral.

Contenemos la respiración por puro vicio, con la atención fija en un mismo lugar. Contenemos la respiración y rezamos un mismo mantra, segundo tras segundo, sin reservar un espacio para la reflexión. Rezamos con tanta fuerza que se convierte en un latido constante que nos recuerda tiempos más oscuros, tiempos de horror y pesadilla.

“Por favor, por favor, por favor…”

Pero es en vano, vano, vano.

Es un susurro de esperanza vana que se pierde entre gritos histéricos sin coherencia. Es una chispa mínima, batallando contra el huracán más potente al que se ha enfrentado y se enfrentará: sabe perfectamente que no puede sobrevivir. Es un sinsentido que se aferra a la vida con uñas y dientes, sabiendo que pronto acabará y su memoria quedará perdida en los anales del tiempo, donde el olvido se apoderará de cada uno de los suspiros que antaño fueron importantes.

El mundo cambia a una velocidad vertiginosa y aquello que parecía improbable se cumple inexorablemente.

Quién iba a imaginar que las distopías pudieran materializarse en nuestro tiempo y hogar.

“Estas cosas sólo pasan en el sur, Occidente está a salvo”, solemos pensar.

Pero es mentira, mentira, mentira.

Quién iba a creer que la manipulación mediática nos arrastraría hasta este horrible punto de no retorno.

“La televisión no hace daño a nadie, es sólo entretenimiento”, suelen replicar cuando les enfrentas.

Pero no son libres, libres, libres.

Quién, en su sano juicio, hubiera creído posible la locura colectiva que hoy sufrimos.

“El pueblo es inteligente, no va a caer en la trampa”.

Pero caen, caen, caen.

Mantenemos la ilusión sabiendo que nuestros deseos no afectan lo más mínimo al asunto que en estos instantes tiene la completa atención del globo. No podemos evitarlo, somos seres viciosos. Adictos, incluso, a la sensación de unidad imaginaria y la creencia de que nuestro empeño pueda cambiar las cosas. La confianza ciega en cualquier ser omnipotente, sea Dios o la Ciencia, es constante e invade nuestra mente más profunda. El deseo se almacena en ese lugar reservado a los imposibles, siempre con ese optimismo que únicamente tienen los locos.

“No, no, no, no…”

Pero nadie nos escucha.

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