Hello, it’s me.

Este blog no podría comenzar de ninguna otra manera. La canción de Adele se instala en lo más profundo de tu ser y, de pronto, no eres capaz de saludar como una persona corriente. Esto debe ser así para que el equilibrio del mundo sea mantenido frente a tantas adversidades. Imaginad, por un instante, un Universo en el cual la música no sea lo suficientemente pegadiza como para grabarse a fuego en nuestros impulsos neuronales. Sería un mundo triste, un mundo vacío. ¿Qué haríamos si, de vez en cuando, no sonara en nuestra cabeza aquella canción tan horrible de un anuncio que no recordamos y que se emitió hace veinte años? ¿Qué haríamos si Bowie no decidiera recitarnos The Supermen mientras tratamos de redactar uno de los tantos textos expositivos que deben ser entregados sí o sí en la Universidad? ¿Qué sería de nosotros si, cuando estamos en la cama abrazando a nuestro amante y amor, nuestro subconsciente no nos traicionase poniendo The Final Countdown? ¿Sería la vida igual si, de pronto, Rick Astley no nos susurrara que nunca se va a rendir, nunca nos va a defraudar, nunca va a huir ni a abandonarnos; que nunca nos hará llorar, nunca nos dirá adiós y nunca nos mentirá ni nos hará daño, en loop durante horas, así sin venir a cuento? (Es así como me defraudas, Rick, metiéndote en mi cabeza y no dejándome pensar cuando estoy intentando escribir un post para este absurdo blog que he decidido empezar de cero.)

¡Ah, así que a eso venía todo esto!

Estudio en la Universidad de Barcelona, allí arriba en Mundet, donde la civilización avanzada no ha llegado aún y a veces encontramos alpinistas por las escaleras. Suelen sorprenderse al ver tantos jóvenes de peregrinaje: “¿Hacia dónde os dirigís, que huis del progreso y os adentráis en un mundo de soledad y oscuridad? ¿Buscáis acaso a Dios entre tan altas montañas?” Nunca sé qué decirles, así que asiento y continúo mi travesía por la escarpada piedra del sagrado templo universitario.

Es en ese recóndito lugar en el que la coacción ha sido llevada a cabo. En determinado momento de debilidad emocional no pude contener mi lengua de plata antes de que revelara, con palabras claras y concisas, la existencia de un blog escrito por las mismas manos que ahora teclean estas palabras. La maravillosa profesora (¡Hola, Soledad!) de “Habilidades Comunicativas de bla, bla, bla” –De verdad, ¿qué necesidad hay de darle nombres tan largos a las asignaturas?– propuso que mostrase alguna de mis creaciones. Yo, obviamente, entré en pánico absoluto. ¡De ningún modo puede ese espantoso blog surgir y ser revisado por los críticos ojos de la gente con que convivo en base diaria! Ese horrible espacio virtual de liberación intelectual fue iniciado a los quince años y propone un viaje a lo largo del desarrollo de personaje que yo, humana donde las haya, he sufrido. La insistencia de profesora y compañeras ha sido tanta que, finalmente, he decidido mudar la parte apta para el público a un nuevo blog, más bonito y organizado. ¡El que estáis viendo ahora mismo!

Así que doy por inaugurado este hermoso cuadernillo digital centrado en mí.

¡Que viva el egocentrismo!

Y, obviamente, Hello from the other side.

SONY DSC
Córdoba. 2015.
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