El porqué de la educación obligatoria y otros delirios

Dije en la entrada de presentación que de mi exiliado blog rescataría aquello que fuese apto para el público. No voy a mantener esa determinación. Meterme de lleno en los anales de mi historia como escritora me ha llevado a desenterrar textos que mi psique consciente había decidido olvidar.

He aquí una de las reflexiones con más rabia contenida que haya escrito jamás. Recuerdo que en aquellos tiempos –corría 2010– yo llevaba un ordenador tipo notebook a clase. También recuerdo haber estado muy frustrada con el sistema en su totalidad, probablemente por la negligencia que los maestros de secundaria cometían día tras día. Recuerdo que no esquematicé de modo alguno lo que quería decir y que, simplemente, quería aporrear el teclado para librarme de la cólera que me acosaba constantemente en ese horrible lugar.

Me parece que puede resultar interesante analizarlo porque, curiosamente, he terminado estudiando la carrera que conduce a la profesión que tanto llegué a odiar.

¿Acaso existe una sola razón por la que debamos estudiar cosas triviales y sin importancia? No comprendo los motivos que se pueden tener para obligar a pobres adolescentes de hormonas aceleradas a estudiar como [palabra censurada] con maestros que ya no tienen ni respeto y sobre temas que nunca van a necesitar en la vida para nada. Y es que ¿de qué sirve saber formular oxoácidos y substancias compuestas? ¿acaso en algún momento de su vida van a encontrarse con átomos sueltos de tales substancias puestos a escala de forma que puedan formar cosas? No, nunca sucederá eso. No tiene sentido descifrar misterios de la vida o formular estúpidas teorías y hacérselas aprender a los pobres adolescentes y niños. Teorías en su mayoría erróneas. ¿Alguien es capaz de responderme a la pregunta objetiva que voy a formular? Si alguien es capaz, creo que merece un premio Nobel por lo menos.

Siguiendo la teoría de que el Big Bang formó la tierra y se expandió, continuando por el hecho de que dicen que nunca dejará de expanderse. Entonces ¿acaso podemos calcular la relación espacio-tiempo real? No. No podemos, pues antes de que nos hayamos movido un solo centímetro, el espacio mismo se ha expandido dos.

Por favor, la educación secundaria obligatoria no sirve para nada más que atormentar las mentes de los que no comprenden teorías erróneas y que han perdido 5/7 partes de su infancia, teniendo en cuenta que 5 de los siete días a la semana tienen que sufrir desde los 3 años eso de ir a la “escuela” leer y escribir, contar, sumar y multiplicar. Debería ser lo único importante, pues por lo demás, viviendo en la ignorancia, seríamos mucho más felices de lo que somos, pues ¿acaso el que desconoce que le están robando no es feliz pensando que en realidad no le pasa nada? ¿acaso el hombre o mujer que desconoce que su pareja le está siendo infiel no es feliz disfrutando los pequeños momentos juntos? Si, a veces la ignorancia es la mejor medicina.

Y si yo misma ignorase alguna de las teorías sobre la creación, mi felicidad aumentaría  credencialmente. Por que, escoja la teoría que coja, el BigBang o Dios, me lleva a preguntarme: “Eso creó el universo, pero… ¿de dónde salió eso?” ¿Cuánto tiempo llevamos existiendo? ¿Cómo surgió todo? ¿Existe acaso el infinito? ¿Puede el pasado antes que el BigBang o Dios, ser infinito? Si no hay principio no hay final, pero siempre ha de haber un inicio.

[30 de Abril de 2010]

El texto no ha sido modificado de modo alguno, ni siquiera para corregir esos horrores orcográficos y gramaticales que se pueden observar sin esfuerzo.

Me gusta la forma en que fue planteado. Me gusta el hecho de que no hay ni una sola mentira. Me gusta que en ningún momento decidiese suavizar mi mensaje o idea. Me gusta que yo, tan adolescente y perdida como me hallaba, tuviera tan claro que la educación obligatoria no servía para nada. El pensamiento amargo de una cría de quince años que está desencantada con la vida y el entorno en que se halla, hace que me invada ese pensamiento agridulce que suelo reservar para mis momentos de soledad.

Me sorprendo a mí misma estando de acuerdo con todo pensamiento pronunciado en ese texto, rescatado de los escombros de mi vida. Sigo creyendo que la educación obligatoria es innecesaria y debería desaparecer del sistema. ¿De qué sirve obligar a los niños a estudiar? ¿De qué? ¿De qué? De nada. He ahí la respuesta: Absolutamente de nada.

¿Por qué obligar a que todos y cada uno de los componentes más jóvenes de la sociedad queden envueltos en un sistema de aprendizaje por memorización? ¿No existen, acaso, los documentos escritos físicos y digitales? ¿No se puede, de una forma relativamente sencilla, encontrar cualquier pieza de información en la enorme red intelectual de que dispone nuestra raza? ¿No sería más sencillo despertar la curiosidad del ser humano en su bosquejo mismo, mientras es un pensamiento, para que él mismo opte por el desarrollo consciente de su don concreto? Lo sería, apuesto cualquier cosa a que lo sería.

¿Por qué permitir que la ineptitud dentro del campo de especialización de determinadas personas se transmita ena las aulas? ¿Por qué pedir únicamente un máster para poder aplicar tu carrera en un instituto? ¿Por qué los profesores de primaria debemos estudiar psicología, habilidades comunicativas, didáctica, mientras los profesores de secundaria deben profundizar únicamente en su campo de estudio? (¡Ojo! No digo que nosotros no debamos conocer esos temas, todo lo contrario: Reivindico que todo profesor que se encuentre en contacto con un alumno debe tener una noción mínima acerca de la enseñanza, sus bases y los métodos de aplicación correctos, especialmente si va a estar en contacto con adolescentes revolucionados).

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Hoy estudio en la Universidad y mañana estudiaré dentro de un aula gestionada a mi parecer. Seré profesora y nunca obligaré a mis alumnos a estudiar, nunca los forzaré a indagar en un tema que no despierta su interés. Buscaré la provocación más gamberra, buscaré encender la chispa de la curiosidad, buscaré su más profunda pasión y la utilizaré para alimentar el fuego del conocimiento que arde dentro de sus almas.

Muy bien, Marina de 15 años, sigo estando de acuerdo con todo lo que dices. Quizá, sin embargo, deberías vigilar un poco tu expresión escrita. ¿No?

(Aunque no voy a enfadarme, mírate ahora. Creo que el resultado es bueno.)

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